miércoles, 24 de diciembre de 2025

XLIX. LA EXHUMACIÓN DE LOS RESTOS DE IVÁN EL TERRIBLE.

 XL IX

MI PROFESOR DE MEDICINA FORENSE Y LA EXHUMACIÓN DE LOS RESTOS DE  IVÁN EL TERRIBLE.

 Edgardo Rafael Malaspina Guerra


[Vladimir Ivanovich Alisievich]  

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Vladimir Ivanovich Alisievich   una vez nos habló de Paracelso, quien fue el primero en curar la sífilis con mercurio con un razonamiento, cuyo radio de acción se movía entre el sofisma y la dialéctica idealista barnizada con el principio de “la cura por lo similar”,  señalado ya por Hipócrates: una substancia o fuerza capaz de provocar ciertos síntomas en sujetos sanos, es a la vez capaz de curar a aquellos enfermos que padecen síntomas similares.

 


[Paracelso]

 El argumento paracelsiano era serpenteado y mitológico: la sífilis proviene de la diosa Venus, por cuanto es producto del contacto sexual.  Pero es un amor que las prostitutas venden, entonces es necesario tomar en cuenta a Mercurio,  dios del comercio, y quien en última instancia es el causante del mal :“Similia Similibus Curantur.

Sorprendentemente, la complicada teoría sobre la enfermedad venérea del nuevo Celso resultó beneficiosa: el mercurio se usó por mucho tiempo hasta la aparición del salvarsán de Paul Ehrlich y el descubrimiento de la penicilina para curar la sífilis.

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[Mijaíl Gerásimov]

Alisievich hablaba de estas cosas porque formó parte del equipo de investigación y exhumación de los restos de Iván El Terrible, dirigido por Mijaíl Gerásimov, el inventor de la escultura forense para la reconstrucción de rostros. Gerásimov era arqueólogo y antropólogo y su método de reconstrucción plástica antropológica forma parte en la actualidad del arsenal empleado, no solamente por los investigadores de la Historia para precisar el aspecto facial de personalidades de la Antigüedad, sino también por todas las policías del mundo a la hora de establecer la identidad de un cadáver con el análisis multilateral de los huesos de la cara.

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[Escultura del zar Iván el Terrible realizada por el antropólogo, arqueólogo y escultor Mijail Gerásimov a partir de la estructura ósea de su cráneo.]

Vladimir Ivanovich nos contaba cómo abrieron la tumba de Iván El Terrible en el Kremlin y que al analizar sus huesos encontraron mercurio, sustancia usada ampliamente para curar la sífilis desde los tiempos de Paracelso. Se preguntaban los expertos en aquel entonces si el zar sufrió de sífilis, lo que no era difícil de suponer por la enorme cantidad de mujeres que llevó a su cama, o si simplemente fue envenenado por sus enemigos; por cierto, muy numerosos. En todo caso, la presencia del mercurio podía explicar también el comportamiento psicopático del zar, porque ahora sabemos que la intoxicación con ese elemento produce una encefalopatía con un cuadro clínico muy característico. La labilidad emocional del zar era tan extrema que podemos compararla, como dicen algunos psiquiatras, con el paciente bipolar que tiene una Biblia en una mano, mientras que con la otra sostiene una piedra. En efecto, la pintura de Repin, uno de los cuadros más vistos en la Galería de Tretiakov, muestra cómo mató a su propio hijo heredero del trono y también retrata su arrepentimiento inmediato, luego de haber cometido el crimen.


[Iván el Terrible y su hijo. I.E Repin.1885. Galería Tretiakov ]

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Cabe destacar que Alisievich también hablaba del asesinato del zarévich Iván por parte de su padre y suponía que era una leyenda negra inventada por los enemigos del zar. La historia dice que, al momento de caer golpeado el zarévich , un médico le examinó la cabeza y supuso que la herida era incompatible con la vida. A los tres días murió.

Vladimir Ivanovich también intervino en la exhumación del zarévich, cuyo cráneo tuvo en sus manos. Por eso afirmaba categóricamente que no encontró ninguna evidencia de trauma craneal; y concluía tajantemente que “la muerte del hijo de Iván El Terrible seguirá siendo un misterio”.

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Las clases magistrales de Medicina Forense las dictaba el jefe de la cátedra, Vladimir Ivanovich Alisievich (1926-2013). Estudió en Minsk y luego se especializó en el Instituto de Medicina Forense del Ministerio de Salud de URSS. En ese mismo instituto trabajó en el Departamento de Tanatología, antes de llegar a nuestra universidad en 1971 y dirigir la cátedra hasta 1996. El trabajo en la Universidad de la Amistad lo alternaba con el de la Cátedra de Criminalística de la Universidad Estatal Lomonosov de Moscú.

Siendo muy joven participó en los combates de la Segunda Guerra Mundial o Gran Guerra Patria, como la llaman los rusos. Publicó más de 250 trabajos científicos y casi 40 manuales de la especialidad para médicos y abogados.

Su campo de investigación científica era muy amplio: heridas por armas de fuego, enfermedades del corazón, hipertensión arterial, intoxicación etílica, estrés, aspectos jurídicos de los trasplantes de órganos, hipotermia y lesiones por congelamiento, el sistema neuroendocrino en la muerte repentina.

Fue presidente de la Asociación Moscovita de Médicos Forenses y miembro de la directiva de la Sociedad de Médicos Forenses de Rusia. Recibió muchas condecoraciones por su extensa labor como médico y profesor universitario.

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En el 2011, al finalizar los actos con motivo de la fundación de la Facultad de Medicina de nuestra universidad Amistad de los pueblos, mientras hablaba con Romashov vi a Vladimir Ivanovich cuando se dirigía al cafetín del rectorado y me dije para mis adentros: ahora lo abordo para preguntarle más acerca de las exhumaciones de grandes personajes de la historia rusa. Más tarde lo busqué y no lo encontré. Al poco tiempo me enteré de su muerte y me quedó el saber amargo y triste de no haber sostenido una última conversación. No obstante, me consuela y enorgullece haber tenido a este sabio maestro entre mis profesores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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